XEY: Rentabilidad de activos y rotación de activos


Nos llega la triste noticia de la más que probable liquidación de Xey.

Ayer escribí sobre la situación de CNA-Fagor. Y en los últimos años he escrito sobre Fagor, Abengoa y Martinsa-Fadesa.

El concurso de acreedores se da cuando la empresa no genera la rentabilidad sobre activos suficiente para remunerar a todos los proveedores del pasivo del balance de la empresa. La rentabilidad sobre activos se compone de dos factores: la rentabilidad sobre ventas y la rotación de activos. En los casos anteriormente mencionados, el factor que da más problemas es la muy baja rotación de activos, siempre inferior a la de la competencia.

Vigilar la rotación de activos es esencial. En el País Vasco y en España, parece que ni los propietarios ni los directivos conocen el peligro de tener más activos de los estrictamente necesarios. La rotación de activos se controla sobre todo a través del plan de inversiones y es responsabilidad de la dirección general y del consejo de administración. Este último además decide el modo de financiarlas.

La historia suele ir así: para poder invertir en activos, los directivos suelen pedir dinero prestado. Dinero que hay que devolver. Normalemente, las cuentas de resultados de esas empresas están saneadas y el banco concede los correspondientes créditos.

¿Para qué invierten las empresas? Todas las inversiones se justifican en que la empresa va a crecer, ya sea como primera o como segunda derivada (cuando se hace una reconversión: ordenas las cuentas para después crecer).

Sin embargo, se suele poner poco o nulo esfuerzo en buscar ese crecimiento en el mercado. He visto empresas que han multiplicado por dos, por tres y por más sus capacidades de producción y no han dedicado ni un euro a contratar más vendedores ni a invertir en construir un departamento comercial o de marketing a la altura del reto. En los peores casos, se invierte en auténticas “chorradas”.

Así pues, tu nueva instalación industrial puede producir dos veces más pero tu “vieja” fábrica de ventas malamente puede darte un 10% de crecimiento anual de ventas. La cuenta de resultados suele ir bien hasta el EBITDA. En cuanto le metes amortizaciones y, sobre todo, gastos financieros, la cuenta de resultados se resiente. Normalmente, el beneficio final da una rentabilidad sobre activos pírrica: un 2% como mucho. Es muy difícil remunerar el pasivo y devolver las deudas con esa rentabilidad. Una baja rotación de activos suele ser síntoma de una escasísima capacidad para generar flujo de caja.

Para desgracia de la empresa, muchas veces los directivos se dedican a bucear en la cuenta de resultados con el fin de recortar gastos aunque como hemos visto antes, el EBITDA no sea el problema.

Cuando el primer banco se pone nervioso y decide exigir la amortización de los créditos, el castillo de naipes se derrumba.

Cuando la rentabilidad de los activos es baja, se puede buscar el problema en la cuenta de resultados y en el activo. Si el EBITDA es razonable, el problema es rotación de activos: tenemos muchos más de los que necesitamos. Sólo hay dos soluciones: o incrementamos las ventas para utilizar los activos lo más cerca de su 100% de capacidad o vendemos aquellos activos infrautilizados.

En general, las empresas industriales que tenemos en el País Vasco deberían tener una rotación de activos de como mínimo dos veces la facturación lo que suele suponer trabajar como mínimo dos turnos a nada que haya una inversión fuerte en equipamiento industrial.

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