Poniendo orden en casa


Ahora que ha empezado el colegio, Begoña aprovecha para poner un poco de orden en casa. El verano es una época bastante caótica y mis hijos contribuyen con gran alegría a que ese caos se propague: ropa sucia, cables de teléfonos, los propios teléfonos, toallas y bañadores parecen tener vida propia y acaban en lugares insospechados sin que nadie los haya puesto allí.

Muchas veces me parece vivir el desorden de casa en los proyectos empresariales en los que colaboro. Cuando nadie pone orden en la empresa, los temas suelen estar desordenados. Nunca tienden al orden. Pero esto es normal y no conviene agobiarse como hace mi hermana Nekane; extraordinaria perfeccionista profesional inadpatada al caos.

Cuando una casa está desordenada, creo que no se debe pretender poner orden en todo y de una vez para siempre. El cuarto de mis hijas es un desastre, el salón suele estar patas arriba, la cocina sucia y el trastero, sin comentarios. No puedo pretender ordenarlo todo a la vez. Lo primero que hay que hacer es imaginar qué aspecto puede tener cada habitación una vez ordenada. Lo segundo es decidir la prioridad para ordenar las habitaciones. Probablemente, lo primero sea ordenar la cocina ya que comer es algo que acostumbramos a hacer diariamente. Quizá el salón sea la segunda estancia a ordenar por ser el lugar donde más tiempo pasamos y por si hay que recibir alguna visita inesperada.

Una startup y una empresa en grave crisis suelen tener grados de desorden bastante acusados. Hay que poner orden en la empresa (o en la startup) como en casa. Primero hay que imaginar qué aspecto debe tener la empresa cuando ya esté ordenada: qué vendemos, a quién, cómo vendemos, cómo vamos a fabricar, quién lo va a hacer y qué “pinta” van a tener los resultados. Y luego conviene establecer la prioridad con la que se acomete este ejercicio de poner orden. La primera “habitación” suele ser la del dinero: las cosas del dinero hay que tenerlas claras y organizadas o en vías de organización desde el primer día. El resto de habitaciones pueden ordenarse con distinta prioridad dependiendo de la situación. Lo habitual es que la venta sea una de esas actividades prioritarias donde conviene tener una idea de cómo ordenar y reordenar.

La casa es el lugar donde convive la familia. Necesitamos saber dónde está la ropa, los tenedores y los platos; necesitamos conocer el horario al que se come y dónde está la comida y los utensilios para hacerla; necesitamos que haya limpieza para garantizar la salud de los que convivimos en casa.

La empresa es el lugar donde conviven las personas. Las personas necesitan saber qué se espera de ellas, qué recursos tienen a su disposición y la seguridad de que cobrarán a final de mes.

Cuando todo está desordenado, conviene no olvidar que el orden se hace habitación a habitación.

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