4 fracasos y 1 incertidumbre


El pasado viernes se organizó el 5º FuckUp de Donostia organizado por Sol Busca de EnClavedeSol. Los FuckUp son encuentros con emprendedores y gente inquieta, en general, en el que se exponen casos de fracaso para extraer enseñanzas y conclusiones.

Como reputado especialista en fracasos, también he fracasado a la hora de ser convocado: en lugar de hacer mi presentación en la primera edición, Sol ha esperado a la quinta. Vamos que fracaso pero tampoco a un nivel que llame tanto la atención.

Bromas aparte, Sol me pidió que contara algún fracaso y cuál ha sido mi aprendizaje del mismo. Como ya tengo unos cuantos años, también he participado en varios fracasos. Así que le propuse a Sol que relataría 4 fracasos y 1 incertidumbre. La incertidumbre tiene pinta de fracaso pero confío en que no lo sea. En todo caso, es una bonita historia de la que no conocemos el final.

Mis cuatro fracasos están relacionados con distintas etapas de mi carrera profesional.

El primer fracaso se corresponde con mi primer trabajo. Yo empecé trabajando en una cadena de supermercados de capital belga que quería hacerse un sitio en el mercado español. Decidieron empezar por el sur de España y centrarse en pueblos grandes o ciudades pequeñas, como prefiráis. La empresa necesitaba alcanzar unas ventas de 40.000 millones de pesetas de la época (240 millones de euros). Yo fui contratado como director de Márketing aunque nunca llegué a ejercer. Tras nueve meses en la empresa y después de la primera crisis importante, decidí dejar la empresa y volverme para casa. La empresa finalmente no llegó a alcanzar la cifra y terminó desapareciendo. Recuerdo que una de las obsesiones de la dirección era conocer el resultado de cada tienda al día. Cuando uno estudia, aprende que la empresa tiene que ser rentable y todo eso. Pero uno no es consciente de lo importante que es hasta que no trabaja y tiene una cierta responsabilidad. La primera lección que aprendí es que los números tienen que salir. Si no salen los números, no se puede pagar a final de mes. El dinero no se crea por arte de magia. Hay que conocer los números y hay que hacer que los números sostengan el negocio. Es la única manera de pagar puntualmente y a largo plazo a trabajadores, proveedores, bancos, gobierno y propiedad.

Mi segundo fracaso se fraguó en el primer año del segundo trabajo que tuve. Antes de vender candados de bici y antirrobos de motocicletas, me encargaron vender la gama completa de un fabricante alemán que quería penetrar en el mercado español. Corría el año 1993 en el que la desaparecida peseta, se devaluó por dos o tres veces. El producto que yo tenía que introducir en España se encareció en 4 meses en un 40%. Mi gestión de ventas produjo una facturación de 0,0 pesetas. El dueño de la empresa no me despidió. Me dijo que no era responsabilidad mía el que la peseta se devaluara y los productos de importación se encarecieran. Me dio la oportunidad de seguir trabajando y me dio el encargo de introducir el producto de la empresa en nuevos países donde la empresa aun no había tenido la posibilidad de introducirse. Segunda lección: la mayor parte de las cosas que pasan no dependen de ti. Dicho de otro modo, la mayor parte de las causas de los fracasos están fuera de tu control (por ende, también las causas de los éxitos).

Mi tercer fracaso coincide con mi primer proyecto como emprendedor. En 1998, con mi hermano y dos socios más, creamos una empresa para utilizar internet como tecnología de base para la gestión de procesos de negocio, sobre todo para empresas con múltiples localizaciones. Los dos primeros años funcionaron bien. Teníamos un conocimiento bastante preciso de los procesos y necesidades de las empresas industriales. En el tercer año, la empresa decidió atender la demanda de una empresa no industrial y cuyas necesidades escapaban de las capacidades que teníamos desarrolladas. El proyecto fue un fracaso: no se llegó a finalizar y, lo que es peor, costó muchísimo más de lo que se había presupuestado. La tercera lección es enfocar. Cuando el esfuerzo no se enfoca; cuando tratas de jugar a todos los juegos que te proponen, acabas jugando mal a todo, incluso a eso que al principio jugabas bien. Malvendimos la empresa, que sigue funcionando, y nos salimos del negocio.

Mi cuarto fracaso, que parece que finalmente va a terminar bien, es un proyecto con un cliente. Empecé a trabajar con esta empresa en 2009 en un proyecto de innovación. A finales de 2010, me pidieron que les hiciera un análisis económico y financiero. Estaba en una situación muy compleja. Planteamos un plan de viabilidad que Elkargi ayudó a financiar. En 2012, cuando apenas llevábamos un año con el plan en marcha, la empresa sufrió un importante incendio. Era el primer día de vacaciones en Agosto de 2012. Si la empresa no conseguía reabrir en Setiembre, lo más probable es que los clientes se buscaran otros proveedores. Esto supondría el cierre de la empresa. En apenas 35 días, los trabajadores, que también son los propietarios de la empresa, hicieron las reparaciones necesarias para poder trabajar en modo precario hasta volver a construir un nuevo pabellón y montar una nueva instalación. Esta es la cuarta lección: lo mejor de las empresas son sus personas (desgraciadamente, también pueden ser lo peor). Aquel incendio podía haber sido el punto final y el fracaso de aquella empresa. Pero no lo fue. Y aunque 2013, 2014 y 2015 han sido años difíciles, la empresa parece que va a darle la vuelta a la situación. En la charla del jueves no lo dije pero es importante apuntar que además de los socios Ramón, José Ignacio, Igor y Javier, entre otros, el equipo de chicas que maneja la empresa están haciendo un trabajo excelente. Desde Yurdana, a la que tocó lidiar con la reconstrucción del edificio y la instalación, hasta Julia que es la actual gerente y que cada día lo hace mejor, pasando por Leire e Irati y por la colaboración desde las asesorías externas de Maite, Isabel y mi hermana Nekane. Tiene pinta de que esto que empezó como un fracaso, se puede transformar en un éxito.

De la incertidumbre, espero poder escribir mucho y para bien en el futuro.

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