Hacer que las cosas sucedan


La pasada semana ha sido nefasta en lo personal y en lo profesional. Así que he dejado que pasen algunos días para poder escribir con sosiego y evitar que la bilis fluya por el teclado.

En lo profesional, ha sido una semana de noticias y sucesos no sé si malos pero sí extraños. Me referiré a tres sucesos en concreto.

El primero tiene que ver con la empresa que estamos tratando de reflotar y colocar en una senda de crecimiento. En esta empresa, estamos poniendo el acento en la labor comercial y de ventas ya que necesitamos multiplicar por dos la facturación en el plazo de 12 a 18 meses. Esta empresa es propiedad de sus trabajadores. Sin embargo, ninguno de ellos quiere realizar labores de venta. La semana pasada hemos cerrado una negociación muy importante. Sin embargo, en lugar de alegría, los socios-trabajadores se han quejado por el bajo nivel de precios al que se ha cerrado la venta. En concreto, nos han dicho que es muy fácil pasar ofertas en papel pero que después hay que fabricar. He estado repasando el historial de la negociación y creo que lo conseguido es razonablemente sensato. Hoy tengo comida con los socios para explicarles toda la historia y poner en perspectiva la situación con éste y los demás clientes. Espero poder solucionar el problema con comunicación.

El segundo tiene que ver con una oportunidad de inversión que analizamos hace unos meses. No llegamos a invertir en la empresa en cuestión. Al poco tiempo, la empresa entró en concurso de acreedores y se liquidó. La semana pasada supimos que los principales activos de esa empresa han sido adquiridos a precio de saldo por una importante multinacional que era su principal aliado. Supimos ver la oportunidad. Nos situamos en una buena posición para entrar en la empresa. Pero los planes se fueron al traste porque uno de los socios no confiaba más en el proyecto. Es un triste final para un proyecto tecnológico desarrollado en el País Vasco y del que finalmente se va a beneficiar una multinacional francesa. Este proyecto se hubiera podido salvar si se hubiera liderado como un negocio y no como un proyecto altruista. Hay que ser altruista con los niños y los indefensos pero no creo que haya que serlo con las multinacionales. Cuando nos sabemos las respuestas pero no las preguntas, acabamos haciendo cosas sin criterio y contribuyendo a la desaparición de buenos proyectos.

La última situación que nos ha pasado la semana pasada ha tenido que ver con nuestra participación en un evento. Este consistía en la presentación del Instrumento PYME del programa Horizonte 2020 de la Comisión Europea. La empresa que presentaba el evento no quedó muy satisfecha con nuestra participación pues estimaba que nuestras aportaciones (contrastadas y públicas) no eran adecuadas. Los organizadores nos han reprendido por tal motivo. ¿Qué mal hemos hecho al completar la excelente presentación de la empresa ponente con datos adicionales? No creo que estar atento y ser crítico sea censurable. Pero hemos aceptado la reprimenda y esperamos poder explicarnos.

Nos pagan por hacer que las cosas sucedan. Aunque todo el mundo sabe que no controlamos la mayor parte de las variables que concurren en la realidad, nos pagan por hacer que las cosas sucedan. Ir quizá por delante de los demás y estar en contacto con el mercado pero comunicar bien, nos permite hacer que las cosas sucedan. Hacer las preguntas correctas y buscar las respuestas sabiendo que “Dios escribe recto con renglones torcidos”, nos permite hacer que las cosas sucedan. Mantener una actitud atenta y crítica, nos permite hacer que las cosas sucedan.

2 pensamientos en “Hacer que las cosas sucedan

  1. Hola Iñigo: Siento empatía por la sensación que describes, dado que, como Interim Manager, muchas veces he experimentado frustaciones parecidas y he lidiado con los mismos sentimientos.
    Me ha pasado de hacer todo lo correcto (y más también) para salvar a una empresa y que el principal obstáculo y restricción a vencer terminen siendo los que deberían ser los mayores interesados (y beneficiarios) de que esto suceda.
    Soy un convencido de que, cuando una idea es buena, la misma, debe poder sostenerse por el propio peso de sus argumentos, pero, como muchas veces ocurre, la realidad nunca suele ser tan lineal.
    Diseñé una fusión de empresas que implicaba una profunda reconversión en un nuevo modelo de negocios, totalmente innovador y -a todas luces- brillante: baja inversión, bajo riesgo y amortización asegurada por ver reducidos sus costos -de todos los integrantes- a 1/3 de sus costos actuales, logrado de esta manera, acaparar + del 40% del mercado (que antes se disputaban en una guerra de precios).
    ¿Sabés cual fue el error que cometí en mis cálculos? menospreciar la incidencia del factor-ego de los diversos accionistas…

    La velocidad de los cambios, las presiones (tanto exógenas como endógenas) y las situaciones que impone el contexto hacen que -a veces- obremos sin margen de tiempo y terminemos tratando de construir sobre arenas movedizas.

    Algunas ideas necesitan su tiempo de maduración y, a veces, el contexto no te brinda esos márgenes.

    Gracias por dejarme compartir estas reflexiones.
    Saludos cordiales.

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