Señores del Gobierno: háganse un favor y simplifiquen la vida


El trabajo del empresario y más aun el del emprendedor es muy complejo. La complejidad viene dada por la multitud de variables que afectan a la actividad empresarial. El empresario y el emprendedor las tienen que tener en cuenta al tomar decisiones y planificar su actividad. En el caso del emprendedor, la complejidad a la que se enfrenta es mayor que la del empresario pues éste dispone de una base de clientes establecida mientras que aquél la está aun construyendo.

Los clientes, los proveedores, los usuarios, los trabajadores, los competidores, las empresas complementarias, el entorno y el gobierno; todos actúan e introducen variabilidad que acaba afectando a la cuenta de resultados, a la viabilidad  y/o al crecimiento del proyecto empresarial. El empresario y el emprendedor deben de averiguar e intuir qué puede pasar y tomar decisiones para aprovechar oportunidades y evitar riesgos.

Es normal y recomendable que el emprendedor y el empresario intenten trabajar en un entorno lo más sencillo posible. Una de las maneras de simplificarte la vida como empresario y emprendedor es el intentar competir contra pocas empresas. Una empresa que compite contra muchas empresas es fácil que pierda el enfoque y la capacidad de hacerse fuerte contra ninguna de ellas. En mi vida profesional, me he encontrado con empresarios que decían que no tenían competencia y con otros que decían competir con decenas de empresas. En uno y otro caso, el diagnóstico es incorrecto y lleva a decisiones erróneas por suponer un modelo simple o, justo lo contrario, un modelo excesivamente complejo.

Desgraciadamente, el empresario y el emprendedor difícilmente pueden elegir el entorno legislativo en el que actúan ya que todos estamos obligados a cumplir las leyes (o abandonar el país). En este sentido, España es un país donde la legislación es profusa, amplia y complicada. La legislación mercantil, fiscal, laboral, medioambiental, urbanística añade complicaciones adicionales que hacen más difícil el trabajo del empresario y del emprendedor. Siempre tengo la sensación de estar incumpliendo alguna ley o norma. Cuando consultas con varios abogados en lugar de tener claro qué se debe hacer, tienes claro que ni ellos mismos saben todas las normas que aplican. Y a mí me parece que es una complicación totalmente artificial. Es como echarse piedras en su propio tejado.

España tiene una facilidad pasmosa en eso de echarse piedras sobre su propio tejado y negar la realidad. Hemos creado una burbuja inmobiliaria bestial gracias a la cual nos hemos endeudado con el resto del mundo: ¡Hemos pedido prestado para comprar nuestro propio país! Ahora que la burbuja ha estallado, estamos malvendiendo este mismo país aunque la deuda sigue existiendo y tendremos que pagarla. Y nuestra legislación en lugar de incentivar la creación de empresas y proteger a las que todavía sobreviven, prefiere echar el cierre de empresas (el 94% de los concursos de acreedores tienen como resultado el cierre de la compañía) y mandar a las personas al paro.

España figura en el puesto 142 de 189 como lugar atractivo para empezar negocios (vía El País) y en el puesto 27 de 118 como atractivo para invertir con tendencia a perder atractivo (Ránking IESE). Y esto refuerza mi sensación de que sobran leyes y nos falta un sistema legal sencillo que facilite emprender y competir. El mercado es ya suficientemente complejo como para añadir complicaciones artificiales exclusivamente Made in Spain.

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