Irresponsabilidad indecente


Una empresa debe crear valor para todos los agentes que se relacionan con ella. Debe crear valor para la sociedad, para los clientes y proveedores, para los trabajadores y, como consecuencia de todo ello, debe crear valor para los accionistas. Por ello, no creo que el valor de la acción sea el mejor indicador del valor de una empresa.

La responsabilidad del emprendedor, del empresario y del directivo es la de hacer crecer el valor de la empresa para todos los agentes que se relacionan con ella. El responsable de una empresa que no la hace crecer en el largo plazo debe ser cesado por los accionistas y si estos no lo hacen, debe dimitir por responsabilidad y decencia.

El caso de Juan Luis Cebrián es irresponsable e indecente. Las consecuencias de su actuación son nefastas para todos los agentes. Es un mal ejemplo para otros directivos y para la sociedad en general, destruye empleo y el que mantiene es de poca calidad y cada vez peor remunerado, ni quiero saber lo que puedan sufrir sus proveedores y finalmente, destruye los ahorros de los pequeños accionistas por su incapacidad para revertir una situación que desde 2001 ha destruido el 99,03% del valor de la acción.

Parte de las élites de este país transmiten que lo importante es aferrarse al cargo porque sí. El cargo no es consecuencia del crecimiento que genero y fruto del excelente servicio que doy a mis clientes. Lo que importa es trincar y mantenerse en la poltrona. Esto no es capitalismo ni meritocracia ni mucho menos liberalismo.

Y claro lo que hacen algunos personajes públicos tiene el riesgo de replicarse en las PYMEs. El que tiene más labia, y el que está bien relacionado son los que prosperan.

¿Crecimiento? No diga usted tonterías. Eso, como las patentes, es para los americanos y los alemanes. Para muchos, lo que importa es el poder.

Entrevista a Juan Luis Cebrián: parte en la que se habla sobre el descenso del valor de la acción.

Evolución del precio de la acción de PRISA entre 2001 y 15/12/2016 (-99,03%)

PS: Desgraciadamente, el Sr. Cebrián no es una excepción, es un ejemplo de un mal absurdamente bastante extendido. Seguro que el lector conoce otros ejemplos.

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