Alpinismo y emprendizaje


En la última semana, hemos estado evaluando bastantes ideas y proyectos de empresa. En la mayor parte de los casos, los emprendedores estaban preocupados en conseguir financiación. Sin embargo, muy pocos emprendedores tenían claro para qué querían la financiación. Casi todos tenemos ideas, algunas incluso muy ambiciosas pero nos falta imaginación para saber cómo llegar a hacerlas realidad.

A mí me gusta la montaña y me imagino alcanzando altas cumbres. Rara vez lo he hecho por un camino que no esté marcado. El alpinismo surge cuándo un hombre, Horace Benedict de Saussure, se propone como meta subir a la inexplorada cumbre del Mont Blanc e incluso ofrece una recompensa al primero que lo haga. El Dr. Paccard y Jacques Balmat alcanzaron la cumbre y se hicieron con la recompensa. Sin embargo, el alpinista de éxito es el que se propone alcanzar una cumbre, es capaz de imaginar la ruta y finalmente la recorre y hace cima. Una vez superado un reto, se plantea el siguiente.

El emprendedor de éxito es un poco parecido al alpinista. Imagina cómo será su empresa una vez que ésta esté plenamente desarrollada. Pero además es capaz de imaginar las principales acciones a desarrollar para hacer realidad esa empresa. No sabe todos los pasos que debe dar pero, al igual que el alpinista desde la base de la montaña, es capaz de imaginar por dónde discurrirá aproximadamente la ruta que le llevará hasta su cima.

El dinero que un emprendedor necesita (sea de un inversor, de los clientes, de los bancos o de su familia) es para recorrer esa ruta y alcanzar esa cima. Para tener éxito levantando capital, hay que ser capaz de imaginar no sólo el punto de destino (para lo que se puede utilizar el Business Model Generation) sino también la ruta a recorrer. Si, además, se ha recorrido parte de la ruta, será más fácil convencer al capital.

Finalmente, además de apuntar a cumbres altas o hermosas y de imaginar la ruta, hay que ser capaz de, un paso detrás de otro, recorrer la ruta imaginada hasta la cumbre.

Escalar montañas altas no es fácil. Tampoco lo es emprender. Como decía Goethe “Pensar es difícil, hacer es más difícil pero hacer lo que se piensa es lo más difícil de todo”.

El autor en la cumbre del Mont Blanc en 1996 con Juan Luis Aguiriano (izqda.) y nuestro guía (centro).

El autor en la cumbre del Mont Blanc en 1996 con Juan Luis Aguiriano (izqda.) y nuestro guía (centro).

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